Secretos de Walan Wancarlá
BTQ se ha adentrado en las profundidaes de la historia de la humanidad para recopilar gran cantidad de información relacionada con la consigna del trabajo práctico Nº2 "Bestiario en Sílabas". Obtuvo tanta información y tan importante que logró vendérsela al National Geographic para su revista de mayo. Aquí les presentamos la nota principal sobre el dios baladí Walan Wancarlá.
¿Que historia se esconde tras la mítica apariencia del murciélago-hombre? ¿Cuáles son los orígenes de su divinidad? Su verdad sale a la luz en esta apasionante nota que podrán leer a continuación.
¿Que historia se esconde tras la mítica apariencia del murciélago-hombre? ¿Cuáles son los orígenes de su divinidad? Su verdad sale a la luz en esta apasionante nota que podrán leer a continuación.
Secretos de Walan Wancarlá
¿Qué historia se esconde tras la mítica apariencia del murciélago hombre? ¿Cuáles son los orígenes de su divinidad? Su verdad sale a la luz.
Los dioses en la cultura Baladí
La cultura Baladí, en la región de Morai Zandosky, Rutermania, se caracteriza por tener aproximadamente cuatrocientos dioses documentados. Cada uno recibe el nombre de Walan, que en la lengua baladí quiere decir “Máximo supremo de todos los hombres que habitan la Tierra”. Los baladíes viven en una zona boscosa por lo que tallan las representaciones de sus dioses en los troncos de los árboles. A menudo confunden todo lo que se mueve con un Dios, así que se la pasan tallando los árboles. Esto ha ocasionado gran preocupación en la Reserva Morai Zandosky porque el bosque de los baladíes se consume siete veces más rápido que el Amazonas. Los intentos por introducir papel y lápiz fueron infructuosos.
Todos los seres mitológicos están representados con atributos animales y humanos hasta llegar al 386, a partir de allí, por problemas de imaginación, se los representa con una cruz o una línea vertical o directamente son de consistencia abstracta. Eso es lo que hace difícil seguir documentándolos. A menudo aparecen nuevos dioses dentro de dioses.
En la cultura Baladí hay una jerarquía divina que va desde diosecitos menores a un gran Dios, pasando por semidioses, hijos de dioses no reconocidos por sus padres, príncipes ingleses que han transitado por el lugar, etc. El dios mayúsculo de todos los baladíes es Walan Wancarlá (cuyo significado quiere decir: “Máximo supremo de todos los hombres que habitan la Tierra y máximo supremo de todos los dioses que habitan en Jijoba Marturí”). Es él el indiscutible supremo hacedor del universo y también el encargado de hacerle los mandados a los otros dioses, servir café, limpiar la morada divina de Jijoba Marturí (monte Plendolingo) entre otras muchas funciones. Se lo representa como un murciélago emplumado con cabeza de hombre y lleva un pato empollando de corona, como símbolo del hacedor de vida. Contrajo matrimonio con 16 diosas y por eso, también, suele representárselo con 32 cuernos. Se divorció luego de cada una, las últimas ya se habían avivado y firmaban un contrato pre-matrimonial antes de la unión. Sus hijos son los hombres, es decir, los baladíes. De manera que cada vez que nace uno de ellos, se lo consagra a Walan Wancarlá para que le pase la cuota alimentaria.
Leyenda
Cuenta la leyenda que Walan Wancarlá era un joven humano de bajos recursos llamado Gondoes Sibaba que aspiraba a ascender en la escala social. Día y noche la única preocupación que rondaba su mente era cómo hacerlo. Su amigo Dalchuk (actualmente el dios Walan Posinhra) le insistía: “codearte con los dioses, ésa es la manera”. “¿Pero cómo lograrlo? No tengo riquezas para ofrendarles, sólo mi encantadora personalidad que no representa don alguno”. Abstraído en reflexiones como esta, fue que una tarde la suerte le sonrió: en su paseo por la playa se encontró con un grupo de antiguos dioses inmersos en una acalorada discusión. Las divinidades no lograban un acuerdo acerca de quién había invitado la última cena y a quién le correspondía invitar ahora. Gondoes Sibaba se aproximó sigilosamente y con gran respeto les saludó: “disculpad, ¡walan pichá thorá! (“¡oh venerados!”), tengo una propuesta que pondrá fin a su querella. Conozco un restorancito por aquí que sirve un cordero en salsa de abejas que es para chuparse los dedos, y puedo invitarles a todos la cena si me conceden el honor de sentarme a la mesa con ustedes”. Fieles a las costumbres baladíes (la cena gratis es un bien muy preciado, incluso para los dioses) todos accedieron de buena gana. La cena transcurrió de manera espléndida, la carismática personalidad de Gondoes Sibaba le ganó la aceptación y el favor de los dioses y todo parecía indicar que su sueño de ascender en la sociedad se cumpliría. Pero entonces llegó la cuenta y Gondoes Sibaba recordó que era un joven de bajos recursos. Desesperado, pensó en huir por la ventana del baño pero sabía de antemano que el baño ni siquiera tenía paredes y que los dioses corren rápido por más que tuvieran 4000 años y pesaran 18 toneladas. Sin escapatoria, su única idea fue confesar tímidamente que había dejado su billetera en otros taparrabos. Ofreció grandes disculpas y los dioses estaban tan encantados con él, que decidieron dividirse la cuenta entre todos. Sin embargo, cuando se levantó de la mesa para retirarse del lugar, en un trágico movimiento, la billetera que guardaba entre los pliegos del taparrabos se le cayó al piso, exponiendo su mentira ante los dioses. Indignadas, las divinidades lo convirtieron en un murciélago. De este modo nunca más escondería su billetera porque se pasaría la mayor parte del tiempo boca abajo. Sin embargo, en ese momento, el joven Gondoes Sibaba demostró su sabiduría diciendo: “los ingratos han sido ustedes, o acaso no se acuerdan que antes de que los encontrara en la playa, estaban discutiendo y peleando y ahora están todos en paz gracias a mi. En esta cena se han reconciliado en su espiritualidad…” Los dioses antiguos quedaron sorprendidos con esta revelación. Sin duda el joven tenía razón. Pero aún así no deshicieron el hechizo. Al poco tiempo todos los dioses antiguos murieron de rabia y Gondoes Sibaba se convirtió en Walan Wancarlá.
Poderes y costumbres
Los baladíes le atribuyen a este Dios diversas propiedades. En primer lugar es el que otorga y dispone la vida de todos los seres por intermedio de la Ruleta Cósmica (Showi Match). Una especie de programa de concursos donde el espíritu ganador obtiene como premio la vida terrenal. El programa fue cambiado varias veces de horario y de canal a lo largo de los años. También se considera a Walan Wancarlá como aquel que enseñó a los hombres el fino arte de comer con tenedor y de trenzar el pelo. Su espíritu mora por los bosques y prefiere la noche. Cada 6 de febrero tiene su fiesta de ascensión en donde una pata virgen es ofrecida en sacrificio a la imagen del supremo, como símbolo de la vida. La sangre del animal es regada por la tierra y de esta manera comienza un nuevo año o ciclo de Guhjartemira para los baladíes.
Walan Wancarlá ha puesto secretos, adivinanzas y trampas entre el bosque para proteger a los baladíes de los espíritus malvados y del rey de Inglaterra. Según los sacerdotes baladíes si uno permanece mucho tiempo sumergido en la intimidad del bosque es posible comunicarse con los Walan descifrando estos secretos y adivinanzas.
Famosa es la adivinanza que Walan Wancarlá le puso al sacerdote Pichola Terrazita: “Para saber si tu corazón es noble te retaré con una adivinanza: ¿cuál es el animal que por la mañana camina en cuatro patas, por la tarde en dos y por la noche en tres?” A lo que el sacerdote contestó correctamente: “Ese animal que tu dices no existe”.
La tribu Baladí es una de las culturas más importantes de Rutermania con más de 5000 años de historia. En nuevas ediciones seguiremos conociendo más sobre sus dioses.

Interesante historia. Una vuelta de tuerca divertida saliendo de lo tradicional.
ResponderEliminarMuy buena presentación pero, cuidado! no descuiden la ortografía!! Por favor.
Aprobado